La participación efectiva del presidente ejecutivo en las conversaciones estratégicas con su equipo requiere de tres elementos para ser exitosa: su preparación, el reconocimiento de su rol y el ejercicio de este último dentro de un marco de actitudes pertinentes y necesarias.
La presencia del presidente o gerente general de una organización es fundamental en las sesiones que llevan a cabo periódicamente los equipos ejecutivos para hablar de su estrategia. El privilegio de acompañar a experimentados líderes en estas conversaciones, en el pasado en condición de miembro de su equipo y actualmente como consultor, me ha permitido identificar tres elementos que facilitan la participación del presidente y contribuyen significativamente a que ella tenga el efecto deseado. Para conseguirlo, es crucial que quien ejerce la presidencia de la organización se prepare, que reconozca su rol y, muy importante, que lo ejerza durante la conversación dentro de un marco de actitudes pertinentes y necesarias. Cuando estos elementos están presentes, el presidente logra traer a la conversación los mejores aportes posibles de las personas que le acompañan, consigue un alto nivel de compromiso de los participantes con las conclusiones del diálogo estratégico para pasar a la ejecución, y fortalece notablemente su liderazgo. Estas son algunas consideraciones respecto a cada uno de esos tres elementos.
Preparación
La preparación para una conversación de estrategia es un primer ejercicio individual recomendable para el presidente. En ella dos facetas son de particular relevancia, una organizacional y otra personal. En el ámbito organizacional, quien ejerce como ejecutivo líder debe tomarse previamente el tiempo para reflexionar sobre la estrategia actual y la perspectiva de futuro para su empresa desde una mirada integral del interior y del exterior, es decir, desde su lectura de la situación de la compañía misma, desde su interpretación de las expectativas y necesidades de partes interesadas internas como los accionistas, la junta directiva y los colaboradores de la compañía, y desde su análisis de las tendencias de la industria, los competidores y los requerimientos de los clientes, entre otras variables del entorno. La mirada privilegiada de un presidente, que le habilita para integrar en una sola imagen a la empresa con su entorno, le debe permitir la identificación de las prioridades estratégicas de su organización, es decir, aquellos movimientos y objetivos que en su criterio son de urgente ejecución y consecución dentro del marco de la estrategia planteada, y alrededor de los cuales se debería enfocar la gestión y asignación de recursos de corto plazo en razón a condiciones del entorno o de la compañía misma. La claridad respecto a tales prioridades es un insumo cardinal para orientar y enfocar la conversación del equipo gerencial.
Para un presidente o gerente general, exponerse a estas conversaciones es un reto que requiere de valor, por eso es importante que se prepare también en lo personal para estar dispuesto a afrontarlas con sentido constructivo. En este aspecto, es crítica la preparación desde dos perspectivas. De una parte, que haga conciencia de los sesgos que respecto a la estrategia actual le son propios y que los acepte como una condición natural de la cual no está exento en razón a su cargo. Dichas preferencias o antipatías son producto de su experiencia, de sus interpretaciones, de sus temores y necesidades personales, y simplemente revelan que ser líder no lo pone por encima de su naturaleza humana. En términos de sesgos de los cuales es vital hacer conciencia, son pertinentes también aquellos respecto a las personas que van a participar en la conversación, así como los que naturalmente surgen de la eventual condición de accionista, o miembro de la familia accionista, de quien ejerce la presidencia. Este reconocimiento de sus sesgos es para el presidente un primer antídoto frente a la tentación, durante la conversación, de reaccionar sin analizar, de descalificar sin contrastar, de imponer sin escuchar y de tomarse como personal aquello que dista de serlo. Un segundo ámbito de preparación personal tiene que ver con el manejo de aquellas conversaciones difíciles que podrían aparecer en la reunión, algunas pertinentes y otras no deseables, unas previsibles y otras inesperadas. Asumirlas con naturalidad y seguridad, y definir al instante si se abordan o si se dejan aplazadas, es crítico para cuidar el flujo de la reunión y para transmitir al grupo confianza desde el liderazgo y el buen criterio.
Reconocimiento del rol
Entender su rol es otro ingrediente fundamental para que el líder del equipo ejecutivo aborde apropiadamente las conversaciones estratégicas. El papel del presidente en estas conversaciones es central en razón a la información que posee, a su liderazgo natural, a su autoridad formal y a sus derechos de decisión en la organización. Todo esto hace que el presidente sea el primer encargado de crear y garantizar un ambiente seguro y de confianza en el cual se desarrolle la conversación. Para conseguirlo, es recomendable que participe en la definición del diseño de la sesión y de la metodología para desarrollar el diálogo colectivo. En la apertura de la reunión, es conveniente que deje planteadas las reglas básicas de interacción en la conversación, así como los objetivos principales de la misma alineados con las prioridades estratégicas que ha identificado en su reflexión y que propone como marco de referencia. El presidente trae a la conversación, en la medida que sea pertinente, información que solo desde su cargo es posible conocer, por ejemplo, la mirada de la junta directiva y de los accionistas, el nivel de riesgo que estos integrantes del gobierno corporativo consideran aceptable en la estrategia de la organización, además de una visión holística del entorno y de las partes interesadas que lo integran, la cual le corresponde proveer dado su nivel de interacción con el exterior de la empresa producto de la naturaleza de su labor. El presidente tiene la capacidad y responsabilidad de resolver dudas para dinamizar la conversación, y de intervenir para dirimir diferencias al momento de hacer escogencias difíciles en las cuales el equipo gerencial esté dividido. Al presidente le asiste, en la relación con su equipo, el derecho de tener la última palabra en tales decisiones estratégicas complejas en razón a que es el primer responsable respecto a ellas frente a su junta directiva y accionistas. Estos escenarios son propicios, además, para que el presidente ejerza su labor de alinear al equipo, dejando sembrados mensajes claves en un espacio especial de diálogo crítico y constructivo.
Ejercicio del rol
Un presidente bien preparado, que además reconoce su rol en una conversación estratégica con su equipo, está en capacidad de ejercerlo. Para hacerlo de forma efectiva, las actitudes que asume a lo largo del ejercicio son la clave del éxito. Así entonces, cuidar el ambiente seguro de confianza, desde el ejemplo, implica ser receptivo frente al disenso y permitir el debate, asumir una actitud de tolerancia y respeto frente a puntos de vista que no comparte, y de curiosidad para preguntar con honestidad y escuchar con interés. Debe participar activamente evitando avasallar, es decir, sin intimidar ni deslegitimar a otros actores, y haciéndose parte real de la conversación para no ser percibido como un observador que apenas colecta puntos de vista y elabora conclusiones. Así mismo, es importante que estimule la participación, agradeciéndola siempre, e invitando incluso a aquellas personas más pasivas a hacer sus aportes. Es vital que el presidente renuncie a la necesidad de construir consensos, lo cual debe advertir desde el inicio. Frente a decisiones donde no sea evidente para el equipo el camino más conveniente, es importante que procure recoger argumentos para estructurar y poner a consideración alternativas, y así guardar el uso de la fuerza para imponer posiciones solo en casos extremos en los que no haya más alternativa. Mostrar serenidad frente a los temas difíciles es su oportunidad para transmitir seguridad y criterio, algo que los ejecutivos esperan de su presidente.
Las conversaciones estratégicas son, además, un escenario para evidenciar y reforzar rasgos de la cultura organizacional. El presidente debe cuidar que todos los elementos de la cultura se respeten y permitir que se manifiesten en sus matices durante la dinámica de la conversación. Conectarse con los cinco sentidos al ejercicio es definitivo para el presidente a fin de lograr medir, en todo momento, el estado del grupo en cuanto a su satisfacción y tranquilidad con la conversación, y respecto a su nivel de confianza y compromiso con las decisiones que se toman. Es pertinente que el presidente advierta, cuando corresponda, que algunas decisiones estratégicas relevantes del equipo ejecutivo deben ser validadas por la junta directiva o incluso por los accionistas.
El presidente, en ejercicio de su rol, es la persona encargada de hacer el examen final de la conversación estratégica, exponiendo las conclusiones y poniéndose a disposición para aclaraciones antes de terminar, así como preguntando abiertamente a los asistentes acerca de su grado de satisfacción con el ejercicio. Así mismo, es legítimo que indague sobre el nivel de acuerdo de los participantes con lo concluido, como punto de partida para lograr su pleno compromiso. Pese a que no se requieren consensos, es deseable lograr un nivel de acuerdo apropiado que garantice, muy especialmente, el sentido de pertenencia respecto a las decisiones tomadas de cara a su ejecución.
Las conversaciones estratégicas son espacios altamente valiosos para un presidente en una organización. Invertir tiempo de calidad para prepararse y estudiar su rol, así como ejercer este último a conciencia y responsablemente, son oportunidades para aportar valor a su equipo y a la compañía desde su cargo. Para el presidente, el diálogo estratégico es una ventana para aprender con su equipo acerca de la empresa y sus negocios, una ocasión privilegiada para alinear a los líderes de la ejecución de la estrategia, un espacio de intimidad para conocerse a mayor profundidad con quienes más de cerca lo rodean, y una herramienta valiosa para mitigar los riesgos de la inevitable soledad en el poder.
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