¿Cómo lograr que las decisiones que tomamos en momentos de crisis se conviertan en acciones y logren sus objetivos? Les comparto 10 recomendaciones prácticas para conseguirlo.
Crisis es una palabra que invoca una situación temporal, en ocasiones predecible y en otras accidental, generalmente aguda y con el potencial de generar un alto impacto, y que demanda siempre acciones prontas y excepcionales para enfrentarla en medio de un alto nivel de incertidumbre y vacíos de información.
En las crisis, tomar decisiones se hace más complejo por diversas razones (Lectura recomendada: ¿Por qué es más difícil tomar decisiones en momentos de crisis?). Nuestra capacidad de pensamiento estratégico se pone a prueba en ese escenario por las mayores restricciones que nos impone el tiempo, tanto para analizar las decisiones como para implementarlas y hacerles seguimiento. Para cualquier persona es evidente que las decisiones necesitan convertirse en acciones para lograr su objetivo. Sin embargo, en el contexto de una crisis, aparece un riesgo que amenaza deteriorar significativamente el resultado posible del plan para enfrentarla: no ejecutar las decisiones que tomamos. ¿Cómo lograr entonces que esas decisiones se conviertan en acciones?
En la búsqueda de una respuesta práctica a esta pregunta, y tomando como referencia algunas experiencias profesionales recientes, identifiqué 10 recomendaciones para facilitar la ejecución de las decisiones que tomamos en medio de una crisis:
Promueva la discusión en el proceso de tomar la decisión
La calidad de las decisiones empieza desde el proceso para tomarlas, y aquellas percibidas como de mejor calidad tienen una mayor probabilidad de ejecutarse. La falta de discusión en dicho proceso, que en medio de una crisis es una falencia en su calidad, puede generar desconfianza en lo decidido, lo cual entorpece posteriormente su ejecución. Algunos de los responsables de trasladar la decisión a la práctica podrían experimentar la sensación de no haber sido tenidos en cuenta, y percibir que el resultado del proceso es producto de una mirada incompleta y parcializada. Por esto, hasta donde la complejidad y el tiempo lo permitan, es bueno tener en cuenta para la discusión a todas las personas claves para ejecutar la decisión una vez tomada, en tanto el sentido de pertenencia que resulta de ello suma para motivarlas posteriormente a la acción.
Verifique la claridad respecto a lo decidido
Es fundamental que entre quienes participan en el proceso de decidir quede clara la decisión tomada para garantizar la ausencia de duda, la cual a su vez genera parálisis e inseguridad. Una frase coloquial reza que “ante la duda es mejor abstenerse”. La falta de claridad respecto a lo que se decidió legitima la frase y la vuelve una práctica. Nunca abandone una reunión sin asegurarse de la existencia de claridad plena sobre lo decidido y respecto al rol de cada uno de los responsables de su ejecución.
Articule sólidamente la coherencia de la decisión
En condiciones normales, el marco de referencia para la toma de decisiones en una organización es su estrategia. En tiempos de crisis, en cambio, los supuestos que sustentan la estrategia cambian, coyuntural o estructuralmente, y por tal motivo ese marco de referencia puede perder su pertinencia de manera temporal o parcial. Es por eso que algunas decisiones tomadas podrían aparecer ante quienes tienen que ejecutarlas como contrarias a la estrategia vigente antes de la crisis, contraintuitivas respecto a la cultura de la organización y faltas de consistencia con el futuro que siguen imaginando. Para enfrentar esta dificultad, apenas natural, es vital articular con solidez el discurso alrededor de las motivaciones para una decisión a fin de explicar su coherencia con el momento presente y con el futuro, de tal manera que se disipe desde argumentos la resistencia que algunas decisiones extraordinarias tienden a generar.
Explique la importancia de la decisión
Suponer que para todas las personas es evidente la razón por la cual una decisión es importante, y por tanto también su ejecución, es un error. Es buena práctica explicar a todos los implicados en ejecutarla, con generosidad y detalle, las consecuencias positivas que esperamos de implementar la decisión, así como los efectos negativos de no avanzar con ella. Visualizar el futuro, posterior a las decisiones, es un ejercicio que se facilita desde el conocimiento y la experiencia, los cuales no son homogéneos en todos los integrantes de una organización. Para algunas personas, y más en medio de la incertidumbre de una crisis, no es intuitivo identificar las consecuencias de algunas decisiones y, por lo tanto, su grado de importancia.
Demuestre la necesidad de urgencia en su ejecución
Si la necesidad de implementar la decisión es urgente, comunicarlo con esa claridad y exponer las razones que lo justifican es clave. El agobio de la cotidianidad, más en medio de una crisis, hace subjetiva la valoración de urgencia que hace cada persona. No todas las decisiones son igualmente urgentes, aun en medio de una crisis, por lo cual es muy relevante identificar las que realmente lo son. Así mismo, hay decisiones que dependen de otras, y en las crisis la secuencia de tales decisiones es más sensible. Por esa razón, las deficiencias en la ejecución de las decisiones urgentes suelen desencadenar traumatismos significativos en la cadena de acciones de un plan de manejo de crisis.
Categorice las decisiones que están listas para ejecutarse
Los equipos encargados de ejecutar las decisiones necesitan tener una guía que les permita priorizarlas para enfocar su gestión. Para ello, categorizarlas es posible, por ejemplo, en relación con su importancia, la cual es función de la dimensión de su impacto, y con su urgencia, que deriva de la necesidad de acelerar su ejecución en el tiempo. En una matriz de dos por dos, cuyo eje vertical es el nivel de urgencia, alto o bajo, y el eje horizontal es el nivel de importancia, alto o bajo, podremos identificar decisiones que cumplen las dos condiciones en nivel alto (son altamente urgentes y altamente importantes), algunas en solo uno de los dos criterios (son altamente urgentes o altamente importantes), y otras en ninguno. Las decisiones que requieren atención prioritaria en momentos de crisis son las altamente importantes y altamente urgentes. Esta conclusión es intuitiva, por eso el trabajo relevante está en asignar un valor en cada uno de los dos criterios y para cada decisión que haga parte de este inventario.
Asegure la disponibilidad de los recursos necesarios para la ejecución
Algunas decisiones no se ejecutan simplemente por falta de recursos. Por ello, al tomar una decisión es crítico validar que la misma es factible desde la perspectiva de los recursos que demanda. Cuando alguno de los recursos necesarios no está disponible es fundamental, antes de dejar la decisión en firme, tener una idea clara respecto a cómo conseguirlo. En medio de las crisis este punto cobra mayor importancia en tanto ellas suelen generar restricciones para el flujo adecuado de algunos recursos.
Genere confianza asumiendo responsabilidad
Las crisis suelen generar una alta carga de miedo, que encuentra en la incertidumbre su fundamento, y este a su vez exacerba la desconfianza y la aversión a los riesgos. La falta de confianza en una decisión genera parálisis para su ejecución. Es en estos casos en los cuales el liderazgo es fundamental para llenar ese vacío de confianza desde el acompañamiento a los ejecutores y desde asumir como cabezas visibles la responsabilidad por las consecuencias de su implementación. Esta situación se agrava para el caso de decisiones que tienen implícitos elementos éticos, las cuales son más complejas de afrontar y de ejecutar. (Lectura recomendada: Decisiones estratégicas: modelos éticos para tomarlas en una crisis).
Comunique ampliamente lo decidido
Para que las decisiones se traduzcan en acciones es indispensable que todos los involucrados conozcan lo decidido, identifiquen su responsabilidad y avancen proactivamente, con confianza, según las atribuciones que les son otorgadas. La comunicación adecuada de las decisiones, más en momentos de crisis, requiere intencionalidad para que la información sea uniforme y estructurada, inclusión para que todos los interesados queden enterados, formalidad para que lo relevante fluya por los canales apropiados, y generosidad en cuanto a los argumentos que soportan la ruta escogida y los detalles tangibles para su ejecución.
Haga seguimiento
Asumimos que el hecho de decidir mueve a la acción en sí mismo, lo cual no es necesariamente cierto. Formalizar las decisiones en actas de junta directiva, comités o reuniones puntuales nos facilita su seguimiento, y ayuda a generar claridad y confianza lo cual a su vez anima el compromiso para actuar. Dadas las restricciones de tiempo típicas en una crisis, es clave identificar las decisiones de mayor impacto para enfocar en ellas esta tarea de seguimiento. Dos asuntos importantes a este respecto son: definir los indicadores o parámetros para medir los efectos de la decisión, y fijar en el tiempo el momento adecuado para su seguimiento.
Preguntas claves al terminar el proceso de tomar una decisión para asegurar su ejecución
En atención a los 10 factores mencionados, cuya consideración facilita la ejecución de las decisiones que tomamos en medio de una crisis, estas son algunas preguntas pertinentes, a manera de recomendación metodológica, al momento de concluir la discusión para dejar en firme una decisión y antes de pasar a su ejecución:
¿Hemos discutido lo suficiente esta decisión y tuvimos en cuenta todos los elementos de juicio disponibles para tomarla?
¿Está claro para todos lo que hemos decidido?
¿Consideramos coherentes las motivaciones que soportan esta decisión?
¿Estamos dispuestos a asumir la responsabilidad por las consecuencias de esta decisión?
¿Entendemos por qué esta decisión es importante y las consecuencias de fallar en su ejecución?
¿Es claro por qué la ejecución de esta decisión es urgente?
¿Contamos con los recursos necesarios para ejecutarla?
¿A quiénes debemos comunicar esta decisión?
¿Cómo vamos a comunicar esta decisión y en qué términos?
¿Cómo y cuándo haremos seguimiento a esta decisión?
Decidir no siempre significa ejecutar, y en las crisis este riesgo se hace aún mayor. Nuestra capacidad de pensamiento estratégico se materializa en las decisiones que tomamos, mientras que nuestra capacidad de liderazgo se manifiesta al hacerlas realidad.
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