El mundo de la empresa tiene ahora la impecable oportunidad de evolucionar hacia una versión que se ajuste apropiadamente a las expectativas.
Concluiremos pronto un año muy particular, con rasgos altamente similares a los planteados por los expertos para describir los momentos de inflexión en la humanidad que nos narran los libros de historia.
Filósofos, economistas y sociólogos, entre diversidad de expertos de múltiples disciplinas, coinciden en marcar este año como el inicio de un verdadero y profundo punto de quiebre colectivo, lo cual nos invita a incluir espacios de reflexión en la agenda de la breve pausa que tendremos por estos días.
Luego de meses viviendo esta experiencia, parece oportuno hacer sentido intencionalmente de nuestros aprendizajes recientes, e identificar las certezas que van emergiendo, para navegar a consciencia esta versión inédita del mundo, colmada por nuevas dimensiones de trabajo y oportunidad. Suena ingenuo, e incluso peligroso, pensar que la humanidad será otra vez idéntica a la que conocimos hasta marzo pasado.
El ámbito de las empresas, y de las organizaciones en general, fue estremecido por un choque que empezó como un reto sanitario, trascendió luego a un descalabro económico y social, y se convirtió en la crisis humanitaria que observamos, asimétrica y penosa. Las conversaciones iniciales en las empresas para enfrentar su crisis, que permanece en muchas vigente, se siguen elevando para reflexionar también alrededor de paradigmas sobre el sentido mismo del quehacer empresarial y de aquellas como actores en la sociedad.
El mundo de la empresa tiene ahora la impecable oportunidad de evolucionar tales paradigmas hacia una versión que se ajuste apropiadamente a las expectativas que de esta institución fundamental tienen todas sus partes interesadas.
En la práctica de la gerencia, que incorpora los terrenos de la estrategia y el gobierno corporativo a los cuales me dedico, también hemos tenido aprendizajes relevantes que consigné en varias de mis columnas. Trabajar en procura de desarrollar nuestra capacidad de pensamiento estratégico ha dejado de ser opcional: hemos reconocido que el futuro lineal nunca existió.
El año 2020 será recordado como el inicio de un cambio cuyas dimensiones aún no anticipamos. Cargado de dificultades y tristeza para la humanidad, nos llevó a un extremo que lamentablemente necesitábamos experimentar como especie para hacer una pausa con lucidez, reflexionar y reconocer, aprender y corregir. Seguiremos cargando en todos los sentidos el costo de esta situación por mucho tiempo, y lo bueno que de ella venga para el futuro estará en manos de cada uno de nosotros elegirlo desde las transformaciones personales, profesionales y empresariales que abordemos.
A mis lectores, mi gratitud por su tiempo y atención a las más de 10.000 palabras compartidas en 2020, así como el deseo sincero para que vivan un final de año tranquilo con salud, anticipando el comienzo de un 2021 ya cargados de aprendizajes que los colmen de esperanza.