Estrategias líquidas

Las estrategias bien formuladas, para un momento como el actual, necesitan un nuevo alcance.

“Modernidad líquida” es el nombre del libro publicado en el año 2000 por el filósofo polaco Zygmunt Bauman, quien adoptó ese estado de la materia como metáfora para referirse a los tiempos de cambio que evidenciaba, caracterizados por su flujo veloz e inestable, en contraposición a una versión sólida, predecible y maleable. En línea con la visión de Bauman, al parecer seguiremos viviendo tiempos líquidos que se exacerbarán con intermitencia por eventos como una pandemia, en los cuales hacer buena estrategia en empresas y organizaciones requerirá complementar las metodologías tradicionalmente utilizadas para ello con nuevas perspectivas. Las estrategias bien formuladas, para un momento como el actual, necesitan un nuevo alcance. Estas son tres de esas dimensiones ahora esenciales. 

En primer lugar, el direccionamiento estratégico de una empresa u organización necesita considerar dentro de su formulación a sus partes interesadas, internas y externas, tales como medio ambiente, comunidades, estado, clientes, proveedores, colegas de industria, sector financiero, empleados y accionistas. Ello implica entender los intereses y expectativas de cada uno de estos actores, observar permanentemente su dinámica e interactuar intencionalmente con ellos desde la estrategia misma.

De otro lado, una estrategia bien formulada para la versión vigente de la modernidad líquida prepara a empresas y organizaciones para afrontar diversos futuros posibles, es decir, no está concebida de manera lineal pensando en una sola versión probable del futuro. Dicha estrategia les permite consolidar su viabilidad para varios escenarios, desde su coherencia respecto a los supuestos más claros y su flexibilidad frente a los supuestos más inciertos. Así entonces, la estrategia es un marco de referencia que orienta la gestión tanto sobre la manera de darle deliberadamente forma al futuro en aquello que es posible moldearlo, como en cuanto a la ruta de preparación para enfrentarlo en sus versiones imaginables. 

Peter Thiel, en su popular libro De cero a uno, propuso una idea para algunos controversial: evolucionar es progresar sin un plan. Desde esta premisa, las capacidades de evolución y emprendimiento se vuelven pertinentes para enfrentar desde la estrategia el futuro en sus versiones inimaginables, una de las cuales ha sido para muchos, por ejemplo, la situación actual. 

Así entonces, las estrategias líquidas se caracterizan, entre otros rasgos, por ser integrales, versátiles y evolutivas. Y necesitan también conservar las características de todas aquellas bien formuladas, por ejemplo, en relación con el proceso incluyente utilizado para definirlas, su claridad para comunicarlas con facilidad, su capacidad para responder preguntas y orientar la toma de decisiones cotidianas, la orientación que ofrecen para gestionar tanto el talento humano como la cultura organizacional, y su profundidad generadora de conexión y confianza entre los integrantes de una empresa u organización que los motive a vivirlas y hacerlas realidad.

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