Agilidad estratégica

En la práctica demanda una gestión intencional de la cultura organizacional, ajustes en comportamientos individuales y colectivos.

Hacer escogencias es esencial en la práctica de la estrategia, y la época que vivimos nos exige abordarlas con velocidad sin perder rigor analítico, y con enfoque sin sacrificar flexibilidad.

Este año he estudiado el concepto de agilidad estratégica desde conversaciones con emprendedores y empresarios, y explorando literatura reciente como la que mencionaré a continuación para aportarles ideas prácticas orientadas al desarrollo tangible de esta importante competencia.

Este septiembre, Harvard Business Review publicó un artículo de los profesores Michael Wade, Amit Joshi y Elizabeth Teracino, del IMD de Suiza, en el que sugieren 6 principios para desarrollar una agilidad estratégica que permita a las organizaciones, más que sobrevivir, ser exitosas en medio de la disrupción: priorizar la velocidad sobre la perfección, privilegiar la flexibilidad sobre la planeación, favorecer la diversificación en sus negocios y la capacidad ociosa inteligente sobre la optimización de recursos, preferir el empoderamiento de los líderes sobre la jerarquía, anteponer el valor del aprendizaje sobre la búsqueda de culpables, y preferir una asignación maleable de recursos que no los bloquee y permita reconfigurarlos a necesidad. 

Resaltan los autores que las empresas estratégicamente ágiles son flexibles para evitar algunos impactos, robustas financiera y organizacionalmente para absorber otros, y resilientes para acelerar su recuperación y aprovechar oportunidades. 

Ser ágil estratégicamente demanda capacidad para adaptarse. El pasado agosto, consultores de McKinsey & Company publicaron un artículo relacionado con la paradoja de la adaptabilidad, donde lo abordan. 

En tanto consideran que la adaptabilidad es un rasgo de la cultura organizacional, los autores mencionan 4 comportamientos para desarrollar esa capacidad: valorar el aprendizaje, practicar la empatía y la compasión, promover la seguridad sicológica para motivar la participación y el debate orientado a soluciones, y estimular el desarrollo individual y organizacional de la consciencia de sí mismos.
Los dos modelos mencionados reconocen la relevancia de la capacidad de aprendizaje.

En febrero de 2021, Adam Grant, investigador de Wharton, publicó en Strategy + Business de la firma PwC, las actitudes que considera necesarias para desarrollar una cultura de aprendizaje: voluntad de experimentar para asumir riesgos sin temer castigos, vulnerabilidad para reconocer que no lo sabemos todo, curiosidad para repensar nuestra forma de hacer las cosas, reconocer los fracasos como parte del aprendizaje, capacidad de escuchar, competencia para dar y recibir puntos de vista, valorar la calidad del proceso de toma de decisiones más que los resultados, y enfocarse a nivel personal y profesional más en el crecimiento que en el ‘éxito’. 

Así entonces, desarrollar agilidad estratégica en la práctica demanda una gestión intencional de la cultura organizacional, ajustes en comportamientos individuales y colectivos, y una nueva visión de la gerencia de los recursos y, principalmente, de la forma de hacer estrategia. 

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