Les invito a romper en sus empresas la inercia, para navegar este año conscientes del aquí y el ahora desde sus mantras.
El simbolismo del cambio de año no trajo ajustes de fondo en el entorno actual para las empresas. La situación sanitaria mantiene sus intermitencias y los vaticinios sobre el final de la pandemia son diversos, la agitada coyuntura política local e internacional inquieta por sus posibles impactos para las economías, la logística mundial continúa distorsionada y la inflación es ahora una nueva enfermedad global que limita las posibilidades de bienestar para una vasta proporción de seres humanos.
Esto para mencionar solo algunas variables, entre otras tantas, que constituyen un cóctel que para algunas empresas resulta provechoso y para otras perjudicial, y para todas genera un efecto común: la sensación de un entorno más incierto que en el pasado, sin visos de una posible nueva estabilidad en el corto plazo.
La vida en las empresas parecía más tranquila a comienzos de 2020 y, aun con todas las imperfecciones de esa versión del entorno, es apenas natural que a algunos empresarios, gerentes y directorios les genere nostalgia. De hecho, ninguna de las cuatro variables anotadas arriba era tema prioritario de conversación en esa época que a veces parece lejana. Los fundamentos no son sólidos para esperar pronto una estabilidad a la antigua, y tal vez ya estamos en medio de una nueva versión de ella, necesitamos quizás reconocerlo.
Esa versión contiene la agitación como costumbre y la velocidad como constante, frente a un escenario al cual faltan por incorporar, entre otras, las secuelas de todo tipo que aparecerán producto de la pandemia, la mayoría de los impactos más significativos que traerá la tecnología para la vida humana, y los efectos del cambio climático que cada vez son tanto más visibles como drásticos.
Esta no es una visión fatalista del mundo. Transitamos simplemente una versión más compleja, creada en buena medida por la humanidad misma, que demanda mayor responsabilidad también desde las empresas. Frente a esta perspectiva, considero que nos será de utilidad adoptar, y mantener actualizados, marcos de referencia que sean base elemental para la guía cotidiana de las organizaciones. En diversas religiones, los mantras son palabras o frases que se repiten con un propósito. Los mantras gerenciales que propongo son preguntas que, para cada momento, podrían mantenernos conscientes de lo relevante para enfrentar la realidad vigente.
En este comienzo de 2022, sugiero los siguientes: ¿Sigue vigente nuestra estrategia? ¿Tenemos el bienestar necesario en los integrantes de nuestra empresa? ¿Cómo podríamos hacer la vida más fácil a nuestros clientes? Y el más importante: ¿Estamos dedicando tiempo a pensar?
Les invito a romper en sus empresas la inercia, para navegar este año conscientes del aquí y el ahora desde sus mantras: ¿qué preguntas básicas abordarán consistentemente este año en sus conversaciones gerenciales?