Las señales de felicidad o insatisfacción en el trabajo son diversas. A fin de hacer una evaluación personal al respecto, estas son algunas a considerar.
El comienzo del año es una época de reflexiones. Un tema interesante a considerar en ellas es el nivel de satisfacción con nuestro trabajo u oficio el cual, aunque sea un medio y no un fin, suele ocupar un lugar importante en nuestra vida.
Las señales de felicidad o insatisfacción en el trabajo son diversas. A fin de hacer una evaluación personal al respecto, estas son algunas a considerar. Una señal intuitiva, pero altamente legítima, es la sensación al levantarse para ir a trabajar. Las personas satisfechas sienten tranquilidad y entusiasmo, el sonido del despertador no les angustia, y les asiste el deseo de comenzar su jornada para hacer algo que les gusta y divierte. Si les espera una reunión difícil, por ejemplo, la observan como una oportunidad para resolver un asunto y avanzar. Las personas insatisfechas, en cambio, inician el día con el cansancio de la frustración con el cual fueron a la cama la noche anterior y que es distinto al cansancio gratificante de lo que hacemos con gusto, pueden padecer deterioro en la calidad de su sueño, descuidan la puntualidad, experimentan la sensación del paso muy lento del tiempo a lo largo de su día, y si tienen que enfrentar un evento complejo preferirían aplazarlo si fuera posible. Un síntoma de desánimo es la ansiedad por la llegada del fin de semana para escapar de una obligación indeseable, la cual se puede combinar con un fenómeno conocido como la depresión del domingo por la noche. Vale anotar que la sensación al regresar de vacaciones es una oportunidad valiosa para evaluar nuestro estado de satisfacción en el trabajo.
Las personas felices en su trabajo son claramente proactivas, desean crecer y su propósito personal se identifica con el de su organización, son creativas y están dispuestas a interactuar con otros en su entorno laboral de manera abierta y permanente. Las insatisfechas, en cambio, tienden a estancarse y se aíslan, les cuesta y hasta aborrecen la comunicación proactiva con sus colegas y clientes, procuran evadir que se les asignen nuevas responsabilidades, tienden a eludir el exponerse al riesgo así sus omisiones puedan hacer daño a la organización, y experimentan la zozobra permanente de evitar que se haga más notorio su descontento lo cual puede generarles un estado de inseguridad para actuar, decidir y comunicarse.
Una señal a observar es la consistencia en el cuidado de la calidad del trabajo. Las personas satisfechas procuran la impecabilidad, valoran su trabajo cuidando su calidad, dan siempre lo mejor que esté a su alcance y no tienen inconveniente en pedir ayuda sin sentir atropellado su ego. Un síntoma de insatisfacción, en cambio, es la indiferencia por la calidad de lo que hacemos y la reticencia a pedir ayuda para no incomodar a nuestro ego susceptible e irritable producto de la frustración y la inseguridad. Las personas infelices en su trabajo experimentan la necesidad permanente de cambiar de actividad, se sienten desperdiciadas e incluso desarrollan una alta dependencia de satisfactores compensatorios para buscar balance, algunos riesgosos incluso para su salud y que se suman al estrés de un estado de tensión permanente.
La solución a un problema parte de identificarlo. Le invito a responder esta pregunta, a partir de estos criterios y otros que considere pertinentes, para asegurar que logre mantener o poner su trabajo al servicio de su felicidad.