Las juntas directivas frente a las crisis: anticiparlas, vivirlas, y aprender de ellas como organizaciones e individuos.
Las 1000 empresas más grandes de Colombia administran activos por cerca de mil billones de pesos, según el reciente informe de la Superintendencia de Sociedades. Esta cifra es similar al presupuesto del Plan Nacional de Desarrollo del país, aprobado hace algunas semanas. En tanto las empresas son una fuerza fundamental para generar bienestar social y desarrollo económico, la gestión de los administradores de recursos tan significativos se convierte en un tema de interés general.
Este escenario, de organizaciones cada vez más robustas y complejas expuestas a retos mayores, contribuye a explicar el interés actual en asuntos relacionados con el gobierno corporativo, tanto desde las empresas, que lo identifican como un generador tangible de valor, como desde la academia, interesada en su investigación. Precisamente, la creación del Centro de estudios de gobierno corporativo de la Universidad de los Andes es una valiosa iniciativa dentro de cuyos intereses está atender la sentida necesidad de investigación en el tema para el contexto de América Latina.
Las juntas directivas hacen parte de los administradores de ese recurso vital para un país que son sus empresas, y su papel es de alta relevancia ya que a sus manos suelen llegar las decisiones más complejas y de mayor importancia para las organizaciones. Una misión fundamental de las juntas directivas, no siempre presente en el listado de sus funciones básicas, es acompañar a la gerencia, y en ocasiones hacerse cargo, en el manejo de las crisis que enfrentan las compañías. Miguel Silva, experto en comunicación estratégica, considera que una crisis es una situación que amenaza la supervivencia de una organización, y que de alguna manera pone en riesgo lo que llama su “licencia social”, es decir, el permiso, tácito y explícito, que el entorno le otorga para operar. Stanislav Shekshnia y Brian Henry, profesores de la escuela francesa INSEAD, proponen cuatro criterios para identificar si una junta está frente a una crisis: la situación es urgente, puede tener un impacto significativo en los negocios, genera incertidumbre y demanda acciones excepcionales.
La firma consultora internacional A.T. Kearney, experta en temas de gobierno corporativo y organizadora junto a Korn Ferry y la Universidad de los Andes de uno de los eventos de más alto nivel en América Latina para miembros de juntas directivas denominado “Liga de directores”, considera que las crisis tienen cuatro momentos relevantes en el directorio. El primero, es la anticipación. Las juntas necesitan estar atentas a las señales del entorno, e interesarse en mantenerlo vigilado intencionalmente. Así mismo, deben prepararse para afrontar una eventual crisis con diversas herramientas. Una de ellas es el denominado manual de crisis, el cual se estructura desde la identificación de las crisis posibles y su simulación para definir planes de acción y preparar a los responsables en caso de un evento.
El segundo momento es la vivencia de la crisis. Si bien la preparación del primer momento aporta enorme claridad para gestionar en medio de las tensiones de la crisis, cada caso se da en un contexto específico, con variables y complejidades impredecibles propias del momento en el tiempo, lo que obliga a la junta directiva a operar con plena atención y criterio más allá de seguir el procedimiento predeterminado. Uno de los temas claves en este momento es la comunicación. En ese aspecto, el especialista Miguel Silva plantea la que llama regla de oro de las crisis: Decir la verdad, y decirla pronto. La dilación o la mentira son la puerta de entrada a un funesto proceso de desangre progresivo en términos de credibilidad. Así entonces, es importante reconocer pronto si la situación en cuestión es en efecto una crisis para gestionarla como tal. Por esa razón, la junta debe ser estricta y crítica en tanto pudiese existir el riesgo de demorar tal reconocimiento por parte de la gerencia. La vivencia apropiada de la crisis requiere el entendimiento inicial muy claro del problema, y asumirla con responsabilidad sin caer en el error de creer que su gestión es apenas un problema de comunicaciones.
El tercer momento para una junta es el aprendizaje desde la crisis. Eventos de esta naturaleza son oportunidades muy valiosas en las empresas para incorporar lecciones y salir fortalecidas. La junta directiva necesita asegurar que este proceso en efecto suceda. Finalmente, además de los tres momentos colectivos mencionados, hay un cuarto momento de reflexión personal para los miembros de la junta y la gerencia. Tal reflexión, a manera de autoevaluación, permite al individuo cosechar esta experiencia, para su desarrollo personal y profesional, desde hacer conciencia de sus comportamientos y ejercicio del liderazgo durante la crisis.
Las juntas directivas tienen una responsabilidad significativa y directa en la construcción de empresas cada vez más competitivas y sostenibles. Gestionar las crisis es una de sus oportunidades más interesantes para generar valor a las empresas, y desde ellas a la sociedad.
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