La economía tiene ciclos hoy más irregulares, y en cada uno es pertinente ajustar la estrategia para navegar el corto plazo.
Rita McGrath, profesora referente de estrategia empresarial en la Universidad de Columbia, en un escrito reciente nos invita a cuestionar permanentemente las premisas sobre las que está construido el direccionamiento estratégico de nuestras compañías, las cuales incluyen hechos, pero también suposiciones que corremos el riesgo de empezar a asumir inconscientemente como realidades ciertas e inamovibles.
En un mundo volátil, la necesidad de adoptar supuestos es mayor y por tanto el riesgo que ella advierte. McGrath anota que en el ámbito empresarial internacional asumíamos como hechos, por ejemplo, la improbabilidad de una guerra en el vecindario de Europa, la independencia entre política y comercio, la optimización irreversible en las cadenas logísticas, la estabilidad en el costo de la energía y la inflación global como fenómeno del pasado. Precisamente, la alteración concomitante de varios de los supuestos mencionados, algunos de los cuales mostraron su inestabilidad al iniciar la pandemia, alimentan hoy una ola inflacionaria acerca de cuyo final no tenemos certeza. La estrategia de una empresa se mantiene vigente, como guía para su gestión cotidiana, al recoger en su definición estos cambios en las premisas y considerar sus consecuencias. Por ello, la inflación obliga hoy a las organizaciones a revisar su estrategia y a reorientar sus prioridades de gestión interna y hacia el exterior.
En cuanto a lo estratégico, es pertinente ahora revisar, por ejemplo, el ámbito de negocios de la empresa para redefinir sus focos de crecimiento y depurarla de aquellos que tienen comprometida su supervivencia, la propuesta de valor a los clientes para privilegiar lo relevante y alivianarla en su complejidad, y las capacidades a desarrollar para acelerar este proceso en las más generadoras de competitividad.
Desde conversaciones con ejecutivos en diversos escenarios, observo compañías altamente enfocadas en su gestión interna para defender su rentabilidad,combinando la fórmula tradicional de reducir costos y minimizar gastos con la búsqueda de productividad desde la formación de su talento, la tecnología, la generación de información de calidad y su aprovechamiento para tomar decisiones, y la priorización rigurosa de sus inversiones, entre otras iniciativas.
En cuanto a la gestión externa, además de procurar ajustar sus precios en forma inteligente y creativa, noto empresas, por ejemplo, acomodando los perfiles de sus productos y servicios a las necesidades, expectativas y posibilidades adquisitivas de los clientes, reposicionando sus marcas, y dialogando activamente con sus proveedores para afinar sus procesos de compra y logística de abastecimiento. Al reto competitivo por inflación, se suma ahora el de tasas de interés crecientes. La economía tiene ciclos hoy más irregulares, y en cada uno es pertinente ajustar la estrategia para navegar el corto plazo, sin perder de vista el mediano y el largo, recordando siempre que todo llega y todo pasa.