Bienvenido el futuro, siempre incierto, acompañados por la curiosidad sobre lo sucedido, la capacidad para aprender y la versatilidad estratégica.
El calendario es una centenaria costumbre humana que nos plantea algunas tareas al terminar cada año. En las empresas, por ejemplo, esta época de cierre nos invita a hacer balances y a estructurar una visión para el año que comienza, la cual queda plasmada en presupuestos y objetivos de distinta índole. En esta oportunidad, esa mirada al futuro de corto plazo ha sido más compleja y la historia nos ofrece ahora luces más tenues para darle solidez a nuestras proyecciones.
La incertidumbre persiste, aunque la percepción general es que ella es ahora menor en algunos aspectos dada la experiencia con la que contamos luego de meses viviendo esta situación, y de las noticias recientes que prometen una dinámica más esperanzadora en el frente sanitario.
Seguirán por ahora vigentes enormes retos sociales y económicos, y aparecerán en el entorno nuevos retos políticos alimentados, en buena medida, por los dos primeros. En síntesis, en una nueva versión, la turbulencia continuará, y tal como sucedió en el año que termina ella será viento cruzado para algunos y viento de cola para otros.
Este contexto de fondo no implica que renunciemos al derecho que nos asiste de navegar con un destino definido desde el ejercicio de nuestra capacidad de pensamiento estratégico, aquella que nos permite imaginar un futuro y tomar decisiones en el presente bien para darle forma en sus aspectos maleables o para prepararnos de cara a las versiones posibles que de él anticipamos.
Aunque será difícil acertar plenamente en la versión de futuro que diseñemos para proyectar en el corto plazo nuestra organización o nuestra vida misma, necesitamos suscribirnos a un norte para orientar recursos, definir prioridades y generar incentivos correctos.
La posibilidad de equivocarnos es ahora mayor, por lo cual para convivir hoy en paz con esa versión del futuro desde la cual hemos imaginado el año que llega sugiero tener en cuenta tres consideraciones.
La primera tiene que ver con los resultados del año que termina. Maravillosos o desastrosos, tienen implícito el efecto de variables cuya dinámica no se replicará de manera idéntica hacia adelante, sigamos entendiendo desde la curiosidad lo sucedido para proyectar mejor el corto plazo.
La segunda tiene que ver con nuestra capacidad de aprendizaje. Una de las mejores herencias que tendremos de esta experiencia será la reactivación de dicha capacidad, no la dejemos perder cuando el futuro se empiece a parecer de nuevo, parcialmente, al pasado.
Y la tercera es la imperiosa necesidad de seguir fortaleciendo nuestra versatilidad. Estrategia y presupuestos necesitarán ajustes en el camino, es momento de flexibilidad con rigor y disciplina con inteligencia.
Bienvenido el futuro, siempre incierto, acompañados por la curiosidad sobre lo sucedido, la capacidad para aprender y la versatilidad estratégica.